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Hacer la comida divertida, ¿hay recetas mágicas?

Pues sí. Yo reconozco que mantener entretenida a la peque sin cole está siendo un auténtico reto, mucho más difícil de lo que pensaba. Pero también reconozco que el problema en las comidas está siendo mucho peor, si cabe. Se nos acaban las recetas.

Yo no sé como lo hacen “las comedoras” del cole, como las llama ella. No sé si tiene que ver con las recetas o con otros temas. Pero con ellas come mucho mejor. Con nosotros, se pone de morros nada más decirle que vamos a comer. Ya va diciendo que no quiere, antes de saber qué hay. Se enrabieta e incluso llora.

 

Me consta que este es un problema que compartimos muchos porque cuando sacamos el tema en redes sociales es uno de los más comentados. Hay opiniones para todos los gustos. Cada uno tiene sus recetas. Casi todas las opiniones coinciden en que no hay que obligar al niño a comer y ni siquiera intentar convencerles. Pero ese respeto absoluto se suele desvanecer cuando la desesperación de los padres aumenta. Os dejo en este post el enlace del libro que me recomendásteis en los comentario «Mi niño no me come» de Carlos González.

El niño no me come, ¿qué hago?

Nosotros, sin ánimo de sentar cátedra, sólo queremos compartir nuestras experiencias. Ante este panorama, estamos aprendiendo varios trucos para enfrentarnos a este momento, a base de práctica, que a lo mejor a vosotros también os vienen bien.

 El primero es no perder la calma durante la fase inicial de llantina. Y además hacerlo con una sonrisa. Duro. A veces no superamos esta fase.

 El segundo, hacer unas presentaciones de los platos lo más divertidas posibles. Eso atrae su atención y rebaja la rabia.

 Y el tercero, el más reciente y el más exitoso lo ha descubierto papi hace poco y nos está resultando muy bien estos días: mantenerla divertida durante la comida. Su papá improvisa sus cuentos de intriga y miedo mientras le da de comer. En los momentos de más tensión de la historia (justo cuando la bruja se va a comer a la abuela) papá le da las indicaciones de que solo alguien que coma cuatro cucharadas de arroz (qué casualidad, justo lo que está comiendo ella) podrá liberar a la abuela. Entonces ella se zampa el arroz . ¡Y la abuela escapa!

¿Cuánto nos durará este truco? No lo sabemos. Lo que tenemos claro es que si esto se acaba tendremos que inventarnos otra cosa. Pero lo que estamos descubriendo es que todos los problemas de rutinas con niños desaparecen cuando aparece la diversión. Mientras, ¿nos contáis vuestros trucos?

 

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